Estudio E.S.E. Cap. XVIII: MUCHOS SON LOS LLAMADOS Y POCOS LOS ESCOGIDOS. Parábola de Festín de bodas.
noviembre 4 -7:00 PM
La invitación postergada: ¿cómo vestir el alma para el banquete de la vida?
Vivimos inmersos en una vorágine de compromisos que parecen inaplazables. Entre las exigencias laborales, las metas económicas y las urgencias del día a día, el tiempo se escurre de las manos, dejando con frecuencia una persistente sensación de vacío íntimo. Sentimos en el fondo de la conciencia que una verdad superior nos convoca, pero solemos responder con dilaciones: «hoy no puedo; debo atender mis negocios, cuidar mis bienes, resolver mis afanes terrenales». Esta vivencia, tan humana y cotidiana, ilustra con exactitud la escena descrita por Jesús en la inmortal parábola del festín de bodas.
En el capítulo XVIII de El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec descorre el velo alegórico de esta enseñanza para situarla en el terreno luminoso de la fe razonada. El banquete representa las alegrías puras del Reino de los Cielos, es decir, el estado de dicha y armonía que aguarda a los seres en el mundo espiritual. Dios no concede privilegios ni impone condenaciones inapelables: todos los espíritus somos convocados a la gloria inmortal a través de la ley del progreso y la pluralidad de existencias. Sin embargo, ¿por qué la máxima advierte que «muchos son los llamados y pocos los escogidos»? La respuesta no reside en un favoritismo divino, sino en la justicia de la ley de causa y efecto.
Aquel invitado que fue apartado de la celebración por carecer de la vestidura nupcial representa al alma que pretende acceder a la serenidad de los planos superiores sin haberse despojado antes de las imperfecciones materiales. En la doctrina espírita, ese ropaje indispensable no consiste en rituales externos ni en fórmulas teológicas, sino en la túnica luminosa de la pureza de sentimientos, la humildad y la práctica incansable de la caridad. Fuera del amor al prójimo no hay elevación posible. Cada existencia corporal constituye precisamente el taller pedagógico donde, mediante la paciencia en las pruebas y el perdón de las ofensas, tejemos los méritos morales que nos abrirán las puertas de la verdadera felicidad.
El llamamiento del Maestro continúa resonando en el corazón de quien busca consuelo y claridad. Ser de los «escogidos» depende enteramente de la libre determinación con que cultivemos el bien y auxiliemos a nuestros hermanos en sufrimiento. Al comprender que la existencia física es sólo un instante formativo dentro de la eternidad, encontramos la lucidez necesaria para no postergar más la cita con nuestra propia regeneración moral.
Encuentro especial de estudio evangélico-espírita
Te extendemos una fraternal y afectuosa invitación para profundizar juntos en el mensaje consolador de este pasaje doctrinal. Acompáñanos a reflexionar y fortalecer la fe razonada en nuestra próxima sesión, que se llevará a cabo el 4 de noviembre. ¡Tu participación enriquecerá nuestra labor de estudio y fraternidad!
La invitación postergada: ¿cómo vestir el alma para el banquete de la vida?
Vivimos inmersos en una vorágine de compromisos que parecen inaplazables. Entre las exigencias laborales, las metas económicas y las urgencias del día a día, el tiempo se escurre de las manos, dejando con frecuencia una persistente sensación de vacío íntimo. Sentimos en el fondo de la conciencia que una verdad superior nos convoca, pero solemos responder con dilaciones: «hoy no puedo; debo atender mis negocios, cuidar mis bienes, resolver mis afanes terrenales». Esta vivencia, tan humana y cotidiana, ilustra con exactitud la escena descrita por Jesús en la inmortal parábola del festín de bodas.
En el capítulo XVIII de El Evangelio según el Espiritismo, Allan Kardec descorre el velo alegórico de esta enseñanza para situarla en el terreno luminoso de la fe razonada. El banquete representa las alegrías puras del Reino de los Cielos, es decir, el estado de dicha y armonía que aguarda a los seres en el mundo espiritual. Dios no concede privilegios ni impone condenaciones inapelables: todos los espíritus somos convocados a la gloria inmortal a través de la ley del progreso y la pluralidad de existencias. Sin embargo, ¿por qué la máxima advierte que «muchos son los llamados y pocos los escogidos»? La respuesta no reside en un favoritismo divino, sino en la justicia de la ley de causa y efecto.
Aquel invitado que fue apartado de la celebración por carecer de la vestidura nupcial representa al alma que pretende acceder a la serenidad de los planos superiores sin haberse despojado antes de las imperfecciones materiales. En la doctrina espírita, ese ropaje indispensable no consiste en rituales externos ni en fórmulas teológicas, sino en la túnica luminosa de la pureza de sentimientos, la humildad y la práctica incansable de la caridad. Fuera del amor al prójimo no hay elevación posible. Cada existencia corporal constituye precisamente el taller pedagógico donde, mediante la paciencia en las pruebas y el perdón de las ofensas, tejemos los méritos morales que nos abrirán las puertas de la verdadera felicidad.
El llamamiento del Maestro continúa resonando en el corazón de quien busca consuelo y claridad. Ser de los «escogidos» depende enteramente de la libre determinación con que cultivemos el bien y auxiliemos a nuestros hermanos en sufrimiento. Al comprender que la existencia física es sólo un instante formativo dentro de la eternidad, encontramos la lucidez necesaria para no postergar más la cita con nuestra propia regeneración moral.
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Local
Bucaramanga, Santander Colombia + Google Map