L.E. Libro III, Cap. IX: LEY DE IGUALDAD. Igualdad natural, Desigualdad de las aptitudes y Desigualdades sociales, P. 803 a 807.
julio 1 -7:00 PM
El Secreto detrás de nuestras Diferencias y el Destino de la Humanidad
A los ojos del mundo, las diferencias entre los seres humanos parecen abismales. Nacemos en entornos distintos, con recursos desiguales y, fundamentalmente, con aptitudes intelectuales y morales extremadamente variadas. Ante este panorama, es natural que surja la gran pregunta: ¿Somos realmente todos iguales ante Dios?
La filosofía espírita, a través de las sabias respuestas de los Espíritus superiores a Allan Kardec, nos ofrece una claridad reconfortante y lógica. Sí, somos absolutamente iguales. Todos estamos sometidos a las mismas leyes de la naturaleza, compartimos la misma fragilidad biológica al nacer y el mismo destino material al morir. Dios no ha concedido a ningún hombre una superioridad natural.
Sin embargo, la diversidad de aptitudes suele confundirse con desigualdad divina. El Espiritismo nos aclara que Dios creó a todos los Espíritus iguales, pero no al mismo tiempo. La diferencia que observamos hoy en el mundo no es un acto de favoritismo del Creador, sino el resultado del grado de experiencia y del uso del libre albedrío de cada alma a lo largo de sus múltiples existencias. Quien hoy demuestra un talento brillante o una moral elevada, simplemente ha vivido y trabajado más en el bien durante el pasado.
Esta variedad de capacidades es, además, una herramienta hermosa de la Providencia. Estamos diseñados para necesitarnos mutuamente. Lo que un Espíritu no puede hacer por su actual nivel de desarrollo, lo hace el otro. Así, los más adelantados tienen la misión de cooperar en el progreso de los más atrasados, activando la maravillosa Ley de Caridad que debe unirnos como una sola familia.
Por el contrario, las profundas desigualdades sociales que tanto nos duelen —la opresión, la miseria, la soberbia de las castas— no son obras de Dios; son creaciones del orgullo y del egoísmo humano. Los Espíritus nos advierten que estas injusticias sociales tienen fecha de caducidad y desaparecerán a medida que el ser humano progrese moralmente, dejando vigente únicamente la legítima «desigualdad del mérito». Aquellos que hoy abusan de su posición de poder para subyugar al débil, inevitablemente experimentarás en carne propia, por la ley del retorno, las consecuencias de sus actos en futuras estaciones evolutivas.
Comprender la Ley de Igualdad cambia por completo nuestra visión del prójimo y de nosotros mismos. Nos invita a mirar las dificultades actuales no como castigos, sino como oportunidades de aprendizaje elegidas para nuestra propia elevación, sabiendo que el progreso adquirido jamás se pierde.
El Secreto detrás de nuestras Diferencias y el Destino de la Humanidad
A los ojos del mundo, las diferencias entre los seres humanos parecen abismales. Nacemos en entornos distintos, con recursos desiguales y, fundamentalmente, con aptitudes intelectuales y morales extremadamente variadas. Ante este panorama, es natural que surja la gran pregunta: ¿Somos realmente todos iguales ante Dios?
La filosofía espírita, a través de las sabias respuestas de los Espíritus superiores a Allan Kardec, nos ofrece una claridad reconfortante y lógica. Sí, somos absolutamente iguales. Todos estamos sometidos a las mismas leyes de la naturaleza, compartimos la misma fragilidad biológica al nacer y el mismo destino material al morir. Dios no ha concedido a ningún hombre una superioridad natural.
Sin embargo, la diversidad de aptitudes suele confundirse con desigualdad divina. El Espiritismo nos aclara que Dios creó a todos los Espíritus iguales, pero no al mismo tiempo. La diferencia que observamos hoy en el mundo no es un acto de favoritismo del Creador, sino el resultado del grado de experiencia y del uso del libre albedrío de cada alma a lo largo de sus múltiples existencias. Quien hoy demuestra un talento brillante o una moral elevada, simplemente ha vivido y trabajado más en el bien durante el pasado.
Esta variedad de capacidades es, además, una herramienta hermosa de la Providencia. Estamos diseñados para necesitarnos mutuamente. Lo que un Espíritu no puede hacer por su actual nivel de desarrollo, lo hace el otro. Así, los más adelantados tienen la misión de cooperar en el progreso de los más atrasados, activando la maravillosa Ley de Caridad que debe unirnos como una sola familia.
Por el contrario, las profundas desigualdades sociales que tanto nos duelen —la opresión, la miseria, la soberbia de las castas— no son obras de Dios; son creaciones del orgullo y del egoísmo humano. Los Espíritus nos advierten que estas injusticias sociales tienen fecha de caducidad y desaparecerán a medida que el ser humano progrese moralmente, dejando vigente únicamente la legítima «desigualdad del mérito». Aquellos que hoy abusan de su posición de poder para subyugar al débil, inevitablemente experimentarás en carne propia, por la ley del retorno, las consecuencias de sus actos en futuras estaciones evolutivas.
Comprender la Ley de Igualdad cambia por completo nuestra visión del prójimo y de nosotros mismos. Nos invita a mirar las dificultades actuales no como castigos, sino como oportunidades de aprendizaje elegidas para nuestra propia elevación, sabiendo que el progreso adquirido jamás se pierde.
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Bucaramanga, Santander Colombia + Google Map