L.E. Libro III, Lazos de familia P. 773 a 775.L.E. Estado de naturaleza P. 776 a 778
abril 8 -7:00 PM
A menudo miramos al reino animal con una mezcla de ternura y desconcierto. Observamos cómo una madre protege a sus crías con una ferocidad admirable, para luego, meses después, tratarlas como desconocidas. Para muchos pensadores, esto es prueba de que los lazos afectivos son meras construcciones sociales o conveniencias biológicas temporales. Pero, ¿es realmente así para el ser humano?
La doctrina espírita nos invita a una reflexión mucho más profunda. Mientras que el animal vive bajo la vida material y el instinto de conservación —cumpliendo su ciclo al asegurar la supervivencia de la especie—, el hombre está llamado a vivir la vida moral.
Nuestros vínculos familiares no son un accidente de la evolución, sino una Ley de la Naturaleza. Dios, en su sabiduría, ha establecido la familia como el laboratorio del alma. Es allí donde aprendemos a vencer el egoísmo, a sacrificarnos por el otro y, finalmente, a entender que todos somos hermanos. La relajación de estos lazos no es un signo de «liberación», sino un síntoma de un retroceso hacia el egoísmo individualista.
No estamos destinados a vivir perpetuamente en el «estado de naturaleza» o en la infancia de la humanidad. Somos seres perfectibles. La civilización y el progreso intelectual son solo la mitad del camino; la otra mitad se recorre mediante el progreso moral y la práctica de las leyes naturales.
¿Te has preguntado alguna vez cuál es el propósito real de tus relaciones familiares? ¿Por qué sentimos que el amor debe trascender el tiempo y la biología?
Te invitamos a nuestra próxima conferencia, donde exploraremos estos interrogantes bajo la luz del conocimiento espírita. Ven a descubrir por qué el progreso es una ley inevitable y cómo puedes ser un agente activo en tu propia evolución y en la de la sociedad.
A menudo miramos al reino animal con una mezcla de ternura y desconcierto. Observamos cómo una madre protege a sus crías con una ferocidad admirable, para luego, meses después, tratarlas como desconocidas. Para muchos pensadores, esto es prueba de que los lazos afectivos son meras construcciones sociales o conveniencias biológicas temporales. Pero, ¿es realmente así para el ser humano?
La doctrina espírita nos invita a una reflexión mucho más profunda. Mientras que el animal vive bajo la vida material y el instinto de conservación —cumpliendo su ciclo al asegurar la supervivencia de la especie—, el hombre está llamado a vivir la vida moral.
Nuestros vínculos familiares no son un accidente de la evolución, sino una Ley de la Naturaleza. Dios, en su sabiduría, ha establecido la familia como el laboratorio del alma. Es allí donde aprendemos a vencer el egoísmo, a sacrificarnos por el otro y, finalmente, a entender que todos somos hermanos. La relajación de estos lazos no es un signo de «liberación», sino un síntoma de un retroceso hacia el egoísmo individualista.
No estamos destinados a vivir perpetuamente en el «estado de naturaleza» o en la infancia de la humanidad. Somos seres perfectibles. La civilización y el progreso intelectual son solo la mitad del camino; la otra mitad se recorre mediante el progreso moral y la práctica de las leyes naturales.
¿Te has preguntado alguna vez cuál es el propósito real de tus relaciones familiares? ¿Por qué sentimos que el amor debe trascender el tiempo y la biología?
Te invitamos a nuestra próxima conferencia, donde exploraremos estos interrogantes bajo la luz del conocimiento espírita. Ven a descubrir por qué el progreso es una ley inevitable y cómo puedes ser un agente activo en tu propia evolución y en la de la sociedad.
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Bucaramanga, Santander Colombia + Google Map